martes, 4 de septiembre de 2007

SIERRA BERMEJA, PARQUE NACIONAL




Dentro de la gran variedad de tipos de suelos presentes en la Serranía de Ronda, cabe destacar por su rareza: la peridotita, una roca de origen ígneo y color verde, muy rica en metales pesados, tales como el olivino y el piroxeno. Esta unidad litológica, que tiene una de sus mejores y extensas manifestaciones mundiales en nuestra comarca, aporta un buen número de peculiaridades al medio físico de la Serranía. En su ámbito territorial y como consecuencia de su toxicidad, crecen algunos de los más insignes endemismos florales andaluces; además, su riqueza en metales fue el origen de un buen número de explotaciones mineras, algunas datadas desde la época romana y de las que quedan restos que forman parte del patrimonio arqueológico industrial.
Por el contrario, la ausencia de pastos y la imposibilidad de cultivar sus tierras, ha impedido el establecimiento de asentamientos humanos; lo que ha motivado que esta unidad paisajística sea la menos alterada de nuestra comarca. Genéricamente, a las montañas peridotíticas se las conocen como sierras bermejas, color que toman de la oxidación del hierro presente en la roca al contacto con los agentes atmosféricos. Ya en el siglo XVI, el cronista Luis de Mármol Carvajal, en sus conocidas crónicas sobre la rebelión y castigo de los moriscos la cita con tal nombre, cuando esta cordillera, junto a las montañas de La Axarquía y Las Alpujarras, fue el escenario del levantamiento armado de la nación morisca ante el inflexible poder de Castilla
De un tiempo acá, son cada vez más las voces, procedentes de los más insignes foros científicos y culturales de nuestra comunidad, que claman sobre la necesidad de proteger a esta vasta alineación montañosa de la Serranía de Ronda, bajo la figura protectora de Parque Nacional, y la verdad es que motivos y argumentos no les faltan.
Sierra Bermeja se extiende a lo largo de unos 60 km –dirección noreste/suroeste– que va desde las sierras Alpujata y del Agua, que quedan como dos islotes de la masa principal, al este de la Serranía, hasta los Reales de Sierra Bermeja, en el extremo más occidental de la provincia de Málaga. De todo el territorio de Sierra Bermeja, tan sólo se ubican en terreno protegido los cerros Aranda, Corona y Abanto, dentro de los límites del Parque Natural Sierra de las Nieves, y los Reales de Sierra Bermeja, que fue amparada bajo la figura de Paraje Natural.
Sus principales elevaciones son: cerro Corona (1.303 m) y cerro Aranda (1.051 m) situadas ambas en la Sierra Parda de Tolox. En Sierra Real sobresale el majestuoso pico de Plaza de Armas (1.330 m) –aquí se ubicó el castillo de Arboto, reducto de la resistencia morisca–; otras cumbres notables de esta sierra son el cerro del Duque (1.351 m) –así llamado en honor al Duque de Arcos, quien en el año 1.568 sostuvo un encarnizado encuentro con los moriscos– y cerro Abanto (1.487 m). De Sierra Palmitera, destacan las cumbres del cerro de las Trincheruelas (1.409 m), el pico Encinetas (1.473 m) y el cerro Castillejo de los Negros (1.378 m). En la conocida propiamente como Sierra Bermeja, descuellan las cimas del monte Jardón (1.158 m), cerro Canalizo (1.116 m), –donde según las crónicas se asentó el castillo de Calaluy, lugar donde halló la muerte el 16 de marzo de 1.501 don Alonso de Aguilar, hermano del célebre Gran Capitán, en las conocidas revueltas de los mudéjares de Sierra Bermeja–, cerro Anícola (1.212 m), cerro Porrejón (1.192 m) y pico de los Reales (1.452 m)
Su especial situación geográfica, cercana al continente africano y a los influjos marinos del Atlántico y Mediterráneo, permiten la entrada de los frentes nubosos del suroeste, normalmente portadores de copiosas lluvias; además, se beneficia igualmente de las nieblas del levante, también conocidas como: barbas de levante; esta criptoprecipitación o lluvia horizontal, que se constata especialmente en los puertos que comunican los valles de los ríos litorales con las cumbres, en una exposición preferentemente este, tiene como resultado más inmediato un alto grado de humedad y varios cientos de litros que sumar a las altas cotas de pluviosidad establecidas, muy por encima de la media andaluza.
Sin duda, estos dos aspectos: el geológico y el climático, tienen parte de culpa para que Sierra Bermeja sea el refugio de un buen número de endemismos botánicos, únicos y exclusivos de aquí en muchos casos. Por poner un ejemplo, para hallar más rarezas florísticas en el estado español, habría que trasladarse al Parque Nacional de Sierra Nevada; es más, Sierra Bermeja atesora tal riqueza y variedad botánica, que incluso, en su relativamente corta extensión, posee más endemismos que los que suman muchos países europeos juntos.
Citaremos algunos de los más insignes, como el pinsapo (Abies pinsapo Boiss), dado a conocer a la comunidad científica por Boissier, quien lo vio por vez primera en el Paraje de los Reales, y el pino negral (Pinus pinaster subsp. acutisquama), variedad propia y exclusiva de Sierra Bermeja, que constituye el pinar más extenso de Andalucía, tras el del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, y que antaño sustentó una importante actividad económica alrededor de la extracción de resina y de alquitrán, éste, destinado a su uso como aislante en los barcos.
En el sustrato serpentinícola también hallamos a la Arenaria capillipes, la Armeria colorata, el Allium rouyi, la Staehelina baetica, la Centaurea lainzii, la Silene fernandezii, el Galium viridiflorum, etc.
Sus cumbres albergan los manantiales que dan vida a un buen número de caudalosos e inmaculados cursos de agua, como los ríos Verde, Guadaiza, Guadalmina, Guadalmansa, Padrón, Castor y Velerín que llevan sus aguas al mar Mediterráneo, contorneados, en ciertas zonas, de alcornoques, quejigos, encinas, coscojas y hasta rebollos –Quercus pyrenaica–, raros en estas latitudes; o los ríos Monardilla, Almarchar y las gargantas bermejenses que fluyen al río Genal, constituyendo en estos últimos casos y en la zona de confluencia con las tierras silíceas, el hábitat propio para la rara vegetación de laurisilva. Las aguas de los ríos bermejenses son ricas en propiedades medicinales, por lo que existieron algunos balnearios como los Baños del Duque, los de la Corcha, o los de Carratraca y Tolox –Fuente Amargosa–, todavía en explotación.
La fauna presente es la propia del monte mediterráneo, con abundancia de la cabra montes y el corzo morisco, además pululan por sus montes el jabalí, el gato montés, la sigilosa jineta, el astuto zorro o el denostado meloncillo, la única mangosta europea, que precisamente fue dada a conocer por el boticario malagueño Haenseler, quien la avistó por primera vez en estos parajes. En los ríos es dueña y señora la nutria, que está al acecho de bogas, barbos, cachos, truchas y bordallos. De la fauna ictícola cabe destacar la presencia del blenio, una especie de pez en peligro crítico de extinción. Las aves cobran un especial protagonismo, ya que Sierra Bermeja es paso obligado en los flujos migratorios entre los continentes africano y europeo, convirtiéndose en un excelente observatorio al aire libre. Las más importantes y representativas son las rapaces, como el águila real, culebrera, milano y el azor.
En definitiva, dado los incuestionables valores naturales, históricos y ecológicos presentes, Sierra Bermeja reclama a voces un poco de atención y mimo ante su innegable riqueza patrimonial, no sea que nos pille el toro, y los anunciados proyectos infraestructurales, ya sean autopistas, trasvases, presas, etc. destruyan uno de los últimos rincones virginales que resisten a la especulación en Andalucía.

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