martes, 4 de septiembre de 2007

CORCHEROS, ARTESANOS ANÓNIMOS




La Saca de la Corchas es una de las tareas forestales más antiguas y típicas de la Serranía de Ronda; está se efectúa durante la época estival, desde mediados de Junio hasta finales de Agosto.
El territorio que ocupa el alcornocal se divide en nueve partes, tiempo éste que es el que tarda el “Chaparro” (es como conocen los nativos a este árbol) en crear la nueva corcha.

Arrieros, rajadores y hacheros son algunos de los oficios especializados en las tareas de la saca de las corchas, oficios estos que en poco o nada han cambiado en su forma de actuar desde tiempos pretéritos, dándoles a estas técnicas de trabajo el grado de “Ritual”.

Los hacheros van realizando certeros cortes en la tronca del árbol, de manera que cuando la plancha esta delimitada llega el rajador y la descarna para después hacerla trozos más o menos parecidos, los recogedores las apilan junto a las mulas, de esta manera el arriero las coloca ordenadas sobre los équidos para su posterior traslado a los “Patios”, lugar donde se pesa el corcho y se almacena; hasta doscientos kilos son capaces de transportar estos dóciles y resistentes animales. El corcho es pesado en antiguas romanas y aún se usa como medida el “Quintal métrico” que equivale a unos cuarenta y seis kilos.

Las labores de la cuadrilla comienzan con las primeras luces del día, el primer descanso se hace sobre las nueve y media de la mañana, es el momento de tomar un bocado; el más típico es el “Bolo” una especie de sopa con pan, aceite, tocino añejo, hierbabuena, sal, hueso, etc. Se agarra la cuchara y se mete en la olla dando un paso adelante, después se da un paso atrás y se deja lugar el siguiente corchero.
A las tres de la tarde se para en el trabajo y se vuelve a comer, antes era común comer “Olla”, cuyos ingredientes principales eran los garbanzos, las papas y el tocino; tras la comida llega la hora de la siesta hasta las cinco y media momento de regreso de la cuadrilla al trabajo, otro descanso a las siete de la tarde para hechar un cigarrillo y al anochecer retornan al “Jato”, el improvisado campamento donde dormir y descansar hasta el siguiente día.

POR LAS CHORRERAS DEL HAVARAL











La luz, los sonidos y el cielo de finales del estío van cambiando de matices, formas y colores. El tiempo se sosiega y adormece en espera de brindar los frutos ya maduros por el sol, a la humanidad sureña.
El gran Creador se dispone a plasmar sobre el inmaculado lienzo llamado Genal, la sinfonía cromática más bella y sobrecogedora jamás contemplada en las tierras de Al Andalus.
La paleta la forman castaños, encinas, quejigos, alcornoques; también sauces, chopos, higueras, fresnos y pinsapos, de mil tonalidades imaginables y el agua, don gracioso del cielo, dispone el cuadro: caótico y etéreo, susceptible y efímero.

Sin duda alguna, el otoño es la estación más hermosa del año para dejarse impresionar por el espectáculo de luces y colores que presenta el Valle del Genal. Nosotros os vamos a proponer un recorrido por el valle alto: El Havaral; pero esta vez te propongo querido amigo, experimentar y dejarte seducir por los sonidos acuosos del Genal otoñal, cuando las lluvias llenan de vida las fuentes y manantiales; los cauces de cañadas, escorrenterías y arroyos.

Podemos comenzar el recorrido en la carretera A-376 Ronda-Costa del Sol y tomar el desvío que indica a Parauta, Cartajima y Júzcar.
Dejamos a la izquierda la carretera a Parauta y continuamos bordeando el cancho Armola, poco después y unos dos kilómetros antes de llegar a Cartajima, cruza nuestro camino el arroyo Bolones, descendiendo entre pequeños saltos y pozas; siendo espectacular tras fuertes lluvias. Se pierde bajo el caserío de Parauta, acogiendo otros arroyos que formaran el rió Nacimiento, una de las cabeceras del Padre Genal.
Tras dejar Cartajima se asoman a nuestra derecha imponentes columnas pétreas de formas excéntricas y caprichosas, son los Riscos de Cartajima y Júzcar, un impresionante torcal que nada tiene que envidiar a otros de justa fama.
Llegamos a Júzcar, cortejados de bosques de castaños y nada más abandonar la población una imponente y original encina junto a la carretera, propone un nuevo paisaje de tierra y frondosidad. El arroyo Majales atraviesa la carretera, descendiendo encajonado entre moles calizas, aunque tan solo se muestra orgulloso y trepidante en los meses más pluviosos. Por debajo de la carretera tiene su nacimiento el rió de La Zua, quien se apresta a sorprendernos en el siguiente hito.
A un kilómetro y medio de Júzcar parte a la izquierda un carril que vadea el río Genal a la altura de la zona conocida como Moclón, allí se celebra la romería de Júzcar y en verano se disfruta de una zona de acampada en la chopera. Siguiendo un camino aguas arriba se pasa junto a la antigua fábrica de hojalata, al llegar a un azud, conocido como la Charca Verde, cruzamos el rió a la derecha para discurrir por la antigua acequia de la fábrica, después de un trecho descendemos al rió para subir por un afluente del Genal que surge a nuestra izquierda; prepárate a disfrutar de la Sima del Diablo, son cuatro bellísimas chorreras, podremos remontar dos de ellas y disfrutar igualmente de la tercera.
Reiniciamos el recorrido en Júzcar para alcanzar Faraján. Al inicio de la calle principal se ha colocado un panel que indica el camino de Las Chorreras. Pasada la plaza del pueblo se desciende por estrechas callejuelas hasta un carril que tomamos en bajada, muy poco después surge a nuestra derecha un pequeño y serpenteante sendero que nos conduce al travertino de Faraján, formado por las aguas del arroyo Balastar. Desde una barandilla-mirador se medio observa la primera de las chorreras. Podemos acercarnos tomando un ramal a la derecha y buscar entre los huertos la base de la cascada.
Para disfrutar de la otra chorrera, seguimos descendiendo por la vereda, cruzamos el arroyo y descendemos suavemente con el barranco de Los Cobarros a nuestros pies. Dejamos una pequeña majada y andamos sobre una acequia que nos sitúa muy cerca del otro salto de agua, este más alto y espectacular que el primero.
De vuelta al pueblo, retomamos la carretera camino de Alpandeire, de entre el caserío sobresale y llama la atención su iglesia, de grandes dimensiones y conocida como La Catedral de La Serranía.
Junto a las últimas casas de la zona baja del pueblo se sitúa el Pozancón, una alfaguara, normalmente seca, pero amigo, cuando llueve y revienta ofrece uno de los espectáculos naturales mas impresionantes y también efímeros, contemplables en estos pagos. La cantidad de agua que puede llegar a soltar es enorme. Si queremos redondear el espectáculo visual, tan solo tendremos que descender por la pista situada por encima del Pozancón y andurrear algo más de un kilómetro, para tomar a la izquierda un marcado y corto sendero entre alambradas; tras sortear la angarilla, buscamos entre las encinas el mejor lugar para otear El Chorrerón, la más impresionante cascada de toda La Serranía; lastima que el espectáculo tan solo sea posible tras y poco después de fuertes lluvias.
Para finalizar vamos a visitar la chorrera de Las Vasijas, debemos pues, tomar el antiguo camino a Atajate, parte de la calle Posito y nos guiaremos por los hitos colocados para realizar este recorrido sendérico entre estos dos pueblos. Una vez llegados a la Loma de Enmedio, nos sorprende un perezoso estratégicamente ubicado en un cruce de caminos. Continuamos la bajada hasta llegar al cortijo de los Casarones, por debajo discurre el arroyo de Laza y entre los bancales se medio adivinan los restos del poblado morisco de Audalazar.
Tomando como referencia el cortijo antes reseñado, buscamos la acequia que surge junto a la casa y algo por encima del arroyo. Reiniciamos la marcha aguas arriba y siempre por la acequia, para encontrar en poco tiempo y a nuestra diestra, la chorrera de Las Vasijas, que se precipita en un bonito salto en busca del arroyo de Laza.

MATUTINAS Y VESPERTINAS











En el número 21 de la revista Puente Nuevo, editada en el mes de junio de 2004, publicamos un artículo relacionado con el descenso de ríos y barrancos deportivos en la Serranía de Ronda, actividades relacionadas con el agua y por tanto apropiadas para realizar durante la época estival. Estamos en Andalucía y es obvio que en verano el calor aprieta, lo que induce a una mayoría de amantes del senderismo y de las actividades al aire libre, a tomar un respiro en espera de la llegada del otoño, cuando las temperaturas se suavizan. Sin embargo y a pesar de estos contratiempos, los miembros de la Asociación Senderista Pasos Largos no bajamos la guardia, y durante estos meses aprovechamos las horas de menor sopor para disfrutar de las llamadas “subidas matutinas o vespertinas”, que consisten, como su propio nombre indica, en caminar bien temprano, o durante el ocaso, para gozar desde los cerros, cumbres y lomas, de los espléndidos amaneceres de la Serranía o de las sin par puestas de sol de nuestra extensa y variopinta comarca serrana.
Sin duda, las más conocida de estas actividades y la que abre la temporada veraniega es la tradicional subida nocturna al Torrecilla (1.919 m), máxima altura de la Serranía y del occidente andaluz, situada como bien sabrán, en el Parque Natural Sierra de las Nieves.
Con la de este año se ha cumplido la XII edición, estando dedicada desde hace un par de años a nuestro compañero desaparecido: Antonio Gómez Cañero. Como cada año iniciamos el recorrido en el área recreativa de Quejigales, de donde partimos a eso de las 3,30 h de la madrugada, aprovechando la luz que nos brinda la primera luna llena de junio. Es todo un acontecimiento y una experiencia inigualable, sobre todo el caminar en penumbra, disfrutando del frescor de la noche y de las sombras que dibujan los pinsapos, los quejigos, las torcas y las dolinas que se extienden por toda la meseta de Quejigales, aunque el momento álgido llega con la salida del sol, que aparece tras las sierras Prieta y Cabrilla, unos años como una enorme bola naranja y otros, más discreto y difuminado por las nieblas matutinas, pero eso si, siempre distinto, con pinceladas de colores difíciles de imaginar sino es contemplando el ortus in situ; entonces y por breves instantes te sientes un ser privilegiado, único y empequeñecido ante el magno acontecimiento.
Una de las “matutinas” más espectaculares de este 2007 la vivimos en la cumbre del Cascajares (1.416 m), montaña de constitución caliza reconocible por su blancura, que bordeamos cuando circulamos por la carretera de Ronda a San Pedro, y que contrasta con las rojizas y oxidantes rocas peridotíticas de la Sierra de las Trincheruelas, en ese amplio anfiteatro que recoge las aguas para formalizar el río Seco –cabecera más alejada del río Genal–, antes de unirse al río de Igualeja y dar vida al Valle del Genal, auténtico paraíso ecológico y etnográfico de la Serranía. Aquí, lo más normal es subir desde la Fuenfría Alta –es lo que hicimos nosotros– por un camino que ha sustituido a la vieja trocha de toda la vida, atrás vamos dejando la fresquísima fuente de la Fuenfría, las ruinas de los edificios que albergaron a los obreros de la antiguas minas de magnetita del Robledal, además de algunos ranchos y los bancales donde inicio su escabrosa vida bandolera Flores Arrocha. Casi sin darnos cuenta afluimos a un collado desde donde se retoma el tradicional sendero que se encamina por toda la cuerda hasta la base de la montaña, tras un último repecho se accede a la cima, coronada por un geodésico. Desde este balcón, situado estratégicamente como nexo de unión de espacios tan singulares como Sierra Bermeja, Valle del Genal y Sierra de las Nieves, se obtienen unas panorámicas envidiables, siendo abarcables un sin fin de montañas, valles y cañadas que se difuminan al sur con el azul mar Mediterráneo, las costas africanas y el reivindicado Peñón de Gibraltar; pero el azar nos brindó un espectáculo añadido que engrandeció, si cabe más, la mañana; nos referimos a las barbas del levante, un curioso fenómeno atmosférico consistente en densas y deslizantes masas nubosas que recorren los perfiles de Sierra Bermeja dejando humedecidos y empapados los fragosos pinares negrales, endémicos de esta cordillera. Estas nieblas suman un buen número de litros de agua a las ya de por si, altos registros pluviométricos, motivo por el que existen otras plantas exclusivas o raras en estas latitudes, como el rebollo (Quercus pyrenaica). Desgraciadamente, una enorme cantera en la falda noreste mancilla el paisaje, una lastima, pues este macizo se nos presenta como un frágil espacio natural de vital importancia al cumplir funciones de corredor verde entre los parajes antes reseñados. Es lugar de paso obligado para las aves en sus ciclos migratorios, siendo fácil observar en cualquier mes del año el planear de la majestuosa águila real o el cadencioso vuelo de los buitres leonados a merced de las corrientes térmicas. Muy cerca de esta montaña crece el pinsapo (Abies pinsapo), y esta actuación impedirá la expansión del abeto andaluz, que se encuentra en claro riesgo de extinción.
Las “vespertinas” son otra historia, en este caso se comienza a caminar a la caída de la tarde y el objetivo es apostarse en un buen lugar para embelesarse con el solis ocasus, uno de los acontecimientos más renombrados por los viajeros románticos que visitaron nuestra tierra durante los siglos XVII, XVIII y XIX. Al menos, en este aspecto, parece que nada ha cambiado y las puestas de sol siguen siendo tan espectaculares como antaño, haciendo las delicias de toda persona sensible y que se deje seducir por la magia de tan efímero momento. Como bien dice nuestro compañero Carlos Tapia, genialmente apodado por el singular Juani “Comandante Preston” como “el coleccionista de atardeceres”, hay que buscar los días que corra el viento de poniente, lo que nos asegura unos cielos limpios y matizados, y si además tenemos la suerte de nos acompañen algunas nubes, mejor que mejor, la foto está asegurada. En lo que llevamos de verano, hemos tenido la oportunidad de realizar varias subidas vespertinas, como al Jardón y el peñón de Benadalid, ambas en el Valle del Genal, al cerro de los Sauces, en Sierra Bermeja, o las del cerro Coros y Torreón (1.654 m) cota más elevada del Parque Natural Sierra de Grazalema y de la provincia gaditana, que nos deparó un impresionante espectáculo, cuando por el mes de junio avistamos desde su cumbre el paso de un cometa que dejó tras de si un enorme halo de polvo de estrellas, que brillaron y dieron lucidez a la inigualable puesta de ese día. A medida que el sol se oculta, tanto las montañas del horizonte como el cielo transicionan continuamente desde los tonos rojizos a los azulados y en el firmamento comienzan a colgarse una multitud de pequeños puntos luminosos: el lucero, Martes, los astros, las constelaciones…

Nos Vemos en las Montañas

SIERRA BERMEJA, PARQUE NACIONAL




Dentro de la gran variedad de tipos de suelos presentes en la Serranía de Ronda, cabe destacar por su rareza: la peridotita, una roca de origen ígneo y color verde, muy rica en metales pesados, tales como el olivino y el piroxeno. Esta unidad litológica, que tiene una de sus mejores y extensas manifestaciones mundiales en nuestra comarca, aporta un buen número de peculiaridades al medio físico de la Serranía. En su ámbito territorial y como consecuencia de su toxicidad, crecen algunos de los más insignes endemismos florales andaluces; además, su riqueza en metales fue el origen de un buen número de explotaciones mineras, algunas datadas desde la época romana y de las que quedan restos que forman parte del patrimonio arqueológico industrial.
Por el contrario, la ausencia de pastos y la imposibilidad de cultivar sus tierras, ha impedido el establecimiento de asentamientos humanos; lo que ha motivado que esta unidad paisajística sea la menos alterada de nuestra comarca. Genéricamente, a las montañas peridotíticas se las conocen como sierras bermejas, color que toman de la oxidación del hierro presente en la roca al contacto con los agentes atmosféricos. Ya en el siglo XVI, el cronista Luis de Mármol Carvajal, en sus conocidas crónicas sobre la rebelión y castigo de los moriscos la cita con tal nombre, cuando esta cordillera, junto a las montañas de La Axarquía y Las Alpujarras, fue el escenario del levantamiento armado de la nación morisca ante el inflexible poder de Castilla
De un tiempo acá, son cada vez más las voces, procedentes de los más insignes foros científicos y culturales de nuestra comunidad, que claman sobre la necesidad de proteger a esta vasta alineación montañosa de la Serranía de Ronda, bajo la figura protectora de Parque Nacional, y la verdad es que motivos y argumentos no les faltan.
Sierra Bermeja se extiende a lo largo de unos 60 km –dirección noreste/suroeste– que va desde las sierras Alpujata y del Agua, que quedan como dos islotes de la masa principal, al este de la Serranía, hasta los Reales de Sierra Bermeja, en el extremo más occidental de la provincia de Málaga. De todo el territorio de Sierra Bermeja, tan sólo se ubican en terreno protegido los cerros Aranda, Corona y Abanto, dentro de los límites del Parque Natural Sierra de las Nieves, y los Reales de Sierra Bermeja, que fue amparada bajo la figura de Paraje Natural.
Sus principales elevaciones son: cerro Corona (1.303 m) y cerro Aranda (1.051 m) situadas ambas en la Sierra Parda de Tolox. En Sierra Real sobresale el majestuoso pico de Plaza de Armas (1.330 m) –aquí se ubicó el castillo de Arboto, reducto de la resistencia morisca–; otras cumbres notables de esta sierra son el cerro del Duque (1.351 m) –así llamado en honor al Duque de Arcos, quien en el año 1.568 sostuvo un encarnizado encuentro con los moriscos– y cerro Abanto (1.487 m). De Sierra Palmitera, destacan las cumbres del cerro de las Trincheruelas (1.409 m), el pico Encinetas (1.473 m) y el cerro Castillejo de los Negros (1.378 m). En la conocida propiamente como Sierra Bermeja, descuellan las cimas del monte Jardón (1.158 m), cerro Canalizo (1.116 m), –donde según las crónicas se asentó el castillo de Calaluy, lugar donde halló la muerte el 16 de marzo de 1.501 don Alonso de Aguilar, hermano del célebre Gran Capitán, en las conocidas revueltas de los mudéjares de Sierra Bermeja–, cerro Anícola (1.212 m), cerro Porrejón (1.192 m) y pico de los Reales (1.452 m)
Su especial situación geográfica, cercana al continente africano y a los influjos marinos del Atlántico y Mediterráneo, permiten la entrada de los frentes nubosos del suroeste, normalmente portadores de copiosas lluvias; además, se beneficia igualmente de las nieblas del levante, también conocidas como: barbas de levante; esta criptoprecipitación o lluvia horizontal, que se constata especialmente en los puertos que comunican los valles de los ríos litorales con las cumbres, en una exposición preferentemente este, tiene como resultado más inmediato un alto grado de humedad y varios cientos de litros que sumar a las altas cotas de pluviosidad establecidas, muy por encima de la media andaluza.
Sin duda, estos dos aspectos: el geológico y el climático, tienen parte de culpa para que Sierra Bermeja sea el refugio de un buen número de endemismos botánicos, únicos y exclusivos de aquí en muchos casos. Por poner un ejemplo, para hallar más rarezas florísticas en el estado español, habría que trasladarse al Parque Nacional de Sierra Nevada; es más, Sierra Bermeja atesora tal riqueza y variedad botánica, que incluso, en su relativamente corta extensión, posee más endemismos que los que suman muchos países europeos juntos.
Citaremos algunos de los más insignes, como el pinsapo (Abies pinsapo Boiss), dado a conocer a la comunidad científica por Boissier, quien lo vio por vez primera en el Paraje de los Reales, y el pino negral (Pinus pinaster subsp. acutisquama), variedad propia y exclusiva de Sierra Bermeja, que constituye el pinar más extenso de Andalucía, tras el del Parque Natural de las Sierras de Cazorla, Segura y Las Villas, y que antaño sustentó una importante actividad económica alrededor de la extracción de resina y de alquitrán, éste, destinado a su uso como aislante en los barcos.
En el sustrato serpentinícola también hallamos a la Arenaria capillipes, la Armeria colorata, el Allium rouyi, la Staehelina baetica, la Centaurea lainzii, la Silene fernandezii, el Galium viridiflorum, etc.
Sus cumbres albergan los manantiales que dan vida a un buen número de caudalosos e inmaculados cursos de agua, como los ríos Verde, Guadaiza, Guadalmina, Guadalmansa, Padrón, Castor y Velerín que llevan sus aguas al mar Mediterráneo, contorneados, en ciertas zonas, de alcornoques, quejigos, encinas, coscojas y hasta rebollos –Quercus pyrenaica–, raros en estas latitudes; o los ríos Monardilla, Almarchar y las gargantas bermejenses que fluyen al río Genal, constituyendo en estos últimos casos y en la zona de confluencia con las tierras silíceas, el hábitat propio para la rara vegetación de laurisilva. Las aguas de los ríos bermejenses son ricas en propiedades medicinales, por lo que existieron algunos balnearios como los Baños del Duque, los de la Corcha, o los de Carratraca y Tolox –Fuente Amargosa–, todavía en explotación.
La fauna presente es la propia del monte mediterráneo, con abundancia de la cabra montes y el corzo morisco, además pululan por sus montes el jabalí, el gato montés, la sigilosa jineta, el astuto zorro o el denostado meloncillo, la única mangosta europea, que precisamente fue dada a conocer por el boticario malagueño Haenseler, quien la avistó por primera vez en estos parajes. En los ríos es dueña y señora la nutria, que está al acecho de bogas, barbos, cachos, truchas y bordallos. De la fauna ictícola cabe destacar la presencia del blenio, una especie de pez en peligro crítico de extinción. Las aves cobran un especial protagonismo, ya que Sierra Bermeja es paso obligado en los flujos migratorios entre los continentes africano y europeo, convirtiéndose en un excelente observatorio al aire libre. Las más importantes y representativas son las rapaces, como el águila real, culebrera, milano y el azor.
En definitiva, dado los incuestionables valores naturales, históricos y ecológicos presentes, Sierra Bermeja reclama a voces un poco de atención y mimo ante su innegable riqueza patrimonial, no sea que nos pille el toro, y los anunciados proyectos infraestructurales, ya sean autopistas, trasvases, presas, etc. destruyan uno de los últimos rincones virginales que resisten a la especulación en Andalucía.

ANDALUCÍA Y EL RIF, TAN CERCANOS, TAN DESCONOCIDOS




Situada al norte del Marruecos y como un calco de la cordillera Penibética, se nos presenta la región de Rif, una fabulosa cordillera montañosa paralela a la costa mediterránea, de indudable belleza paisajística y con innegables lazos culturales hacia nuestra tierra: Andalucía.
Tan cercana como desconocida para la mayoría de los andaluces, la región del Rif abarca una extensión de unos 20.000 km2 distribuidos entre la ciudad de Tetuán al oeste, y el río Mulaya, en las cercanías de Nador, al este. Los pobladores de esta gran comarca norteña de Marruecos hunden sus ancestros en la etnia bereber, y como tal se organizan en multitud de tribus que se distribuyen en pequeñas poblaciones (aún se habla en algunas zonas el tarifit, antiguo idioma del Rif) asentadas en los más inhóspitos parajes serranos o en los fragosos valles que derraman sus ríos hacia el Mediterráneo: estos cortos y torrenciales; o al inmenso océano Atlántico, formando la amplia cuenca del río Querrha que viene a morir en las cercanías de la ciudad de Kenitra.
Tanto el paisaje geológico como el vegetal es muy similar, por no decir idéntico al de Andalucía. Esta es tierra de olivos, nogales y almendros, también de huertas y pinares, aunque en las montañas hallamos extensos encinares, quejigales, alcornocales y hasta pinsapares. Sus montañas blancas, de naturaleza caliza, nos recuerdan a nuestros principales macizos calcáreos, como los de la Serranía de Ronda o Sierra Almijara, por citar algunos. La máxima altura de la cadena montañosa del Rif es el monte Tidighine de 2.452 m de altitud, ubicada no muy lejos de la archiconocida ciudad de Ketama. La zona occidental es verde y fragosa, y al igual que en Andalucía, su zona oriental es seca y con un paisaje desértico atravesado por numerosas ramblas, que no son sino un símil de las famosas y conocidas de Granada y Almería, como la del río Andarax.
Quizás por la cercanía física y la escasa distancia, esos nexos sean más perceptibles en nuestra comarca: La Serranía, y es que desde los primeros tiempos de la humanidad ambas comunidades hemos compartido los distintos avatares históricos que poco a poco han ido modelado el carácter de sus pobladores: gentes del sur, de marcado carácter mediterráneo. Pero será durante los últimos siglos de nuestra historia cuando más se acentúen los vínculos sociales, culturales y afectivos entre las gentes y pueblos de ambas orillas; el legado andalusí está impreso en cada rincón y recodo de nuestros pueblos: blancos y de tejas morunas, de calles sinuosas, inundadas de sonidos acuosos y embriagadas de olores y fragancias orientales, en nuestras costumbres, perpetuadas en mil y un eventos como las fiestas de moros y cristianos que se celebran todavía en Benadalid, Benalauría y Benamahoma, o como el Día de las Mozas en Tolox y el festival de la Luna Mora en Guaro, etc. Nuestras recetas gastronómicas y la cultura culinaria tiene un inconfundible sello norteafricano, basándose en los productos naturales de la tierra, como verduras, hortalizas, almendras y el oro líquido: el aceite de oliva. La repostería andaluza y serrana está marcada por la sutileza y juego de sabores heredadas de Al Ándalus, así lo evocan nombres como alfajores, pestiños, cubiletes, hojaldres, etc. Nuestros valles, montes y ríos han quedado perpetuados toponímicamente por la herencia islámica de nuestros hermanos del sur y a estas trazas podríamos sumar un sinfín de rasgos y peculiaridades que nos recuerdan constantemente, que han sido muchos más los momentos de convivencia que de ignorancia.
Fruto de nuestra pasión por la región hermana del Rif, han sido las numerosas excursiones que algunos componentes de la Asociación Senderista Pasos Largos hemos realizado durante estos últimos años por sus rincones más bellos y recónditos.
Como punto de partida para conocer toda la zona, nada mejor que hacerlo desde Chefchaouen, centro neurálgico de estas serranías. Como muchos ya sabrán, desde hace algunos años, Ronda, está hermana oficialmente con la capital rifeña. Xauen, que así también se nombra, es una ciudad de unos 50.000 habitantes. Su blanco caserío, visto desde las afueras, bien podría confundirse con cualquier pueblo de nuestra Andalucía. Paseando por el interior de su medina, uno se retrotrae a tiempos medievales, viendo la cantidad de tiendecitas apiñadas a un lado y otro de la calle, llenas de colorido y artesanos ávidos de vender sus mercaderías. Sus callejuelas estrechas y laberínticas son ríos por donde discurren, sin lógica aparente, un enorme gentío formado principalmente por la ruidosa chiquillería. La arquitectura tradicional de Xauen y sus coquetos rincones, donde se palpa la tradición andalusí, hará las delicias de cualquier persona dispuesta a emborracharse de belleza.
Desde aquí podremos acercarnos a conocer los pinsapares del Parque Nacional de Talassemtane, para ello lo más apropiado es recurrir a guías locales que conocen perfectamente la zona. En más de una ocasión, al recorrer estas montañas, tendremos la extraña sensación de pisar un territorio que no nos es del todo desconocido, sino fuera por la presencia del mono de berbería, o por los campos cultivados de kifi, cualquiera podría decir que se encuentra en los pinsapares rondeños o en la Sierra de Libar. Y es que estas ásperas y quebradas sierras han sufrido un secular abandono por parte de las autoridades alauítas, valga como ejemplo el que hasta el año 2001 no llegara la electricidad a las aldeas más aisladas. Algunas de las escasas infraestructuras, sobre todo caminos y carreteras de las que pueden gozar sus habitantes, son obra de los españoles, construidas en la época que ejercieron el protectorado en el norte de Marruecos, entre los años 1912 y 1956. Muchos ancianos aún recuerdan o han oído por boca de sus padres, de la heroica defensa que realizó el pueblo rifeño contra los invasores. De entre los personajes más célebres destacó el cabecilla de la insurrección Abd el-Krim, quien infligió en el año 1921 una severa derrota al ejército español en la célebre batalla de Annual, creando una republica independiente del Rif en los territorios liberados. De nuevo constatamos las similitudes entre ambos pueblos, puesto que hay que recordar la revuelta de los mozárabes andaluces encabezados por Omar Ben Hafsun, que en el periodo que va entre los años 878 y 928 mantuvo una cruenta guerra contra el imperio omeya, utilizando las mismas estrategias y artimañas basadas en la guerra de guerrillas, auspiciadas por el amparo y refugio que ofrecen las agrestes montañas. Esta historia se repite de nuevo en las tierras andaluzas, principalmente en las Alpujarras, la Axarquía y la Serranía de Ronda, cuando los mudéjares se alzan en armas en las revueltas del año 1501, que tuvieron continuación con la sublevación de los moriscos en 1570, finalizando el conflicto con el decreto de expulsión de los moriscos por parte del rey Felipe II. En esos años se produce un masivo éxodo de andaluces a las tierras del norte de África, llevando consigo todo un acervo cultural que ha impregnado incuestionablemente el paisaje humano del Rif. Ahora, aunque por causas distintas, el flujo es al contrario.
Otro de los puntos clave para adentrarse en el Rif es la ciudad de Tetuán, la capital administrativa y comercial de la región. Con toda probabilidad, Tetuán es la ciudad más andaluza de Marruecos, y eso se percibe nada más aproximarse a su casco urbano, con callejas estrechas jalonadas de blancos edificios. Sin duda merece la pena visitar detenidamente su antigua medina, reconstruida por los andaluces exiliados de la Guerra de Granada, y poner a prueba todos nuestros sentidos, sobre todo si tenemos la dicha de oír el meloso “quejio andalu”, “acompasao” con el rasguear de los instrumentos de cuerda de la célebres orquestas andalusíes, herederas de la más genuina tradición musical de Al-Ándalus. Sin duda no habrá una experiencia más emotiva, evocadora, conciliadora y gratificante.
A pocos kilómetros de Tetuán hallamos la montaña del Yebel Musa, una de las columnas de Hércules entre las que se abrazan los mares Mediterráneo y Atlántico. Sin ser una cumbre de grandes vuelos, tan sólo posee 840 m de altitud, su ascensión contiene todos los alicientes que cualquier montañero pueda anhelar. Desde su cumbre se divisa la tierra hermana de Andalucía, despuntando lugares tan sonados como Sierra Bermeja, Sierra Crestellina, Macizo de Libar, Valles del Genal y Guadiaro, etc. Pronto nuestros espacios más singulares estarán unidos por una Gran Reserva Mundial de la Biosfera Transcontinental del Monte Mediterráneo. Embelesados desde su cima, una reflexión: Con tantos rasgos culturales comunes, tan cercanos en lo físico como en lo espiritual, ¿como puede existir tanta ignorancia y desconocimiento entre nuestros pueblos? Es hora de recuperar el tiempo, ha llegado el momento de la reconciliación. Pongamos manos a la obra.

VACACIONES EN EL VALLE DEL GENAL











Rutas desde Cartajima:

Señalizadas como P.R. ( Pequeño Recorrido ) se pueden realizar dos excursiones, una a Parauta y otra a Júzcar, ambas de corto y fácil trayecto. Están señalizadas con balizas en todo el recorrido y cuentan con información adicional en los paneles situados en el punto de partida. De ambas rutas se adjunta, perfectamente documentada, la excursión titulada: PARAUTA-CARTAJIMA-JÚZCAR.

Otras actividades interesantes por la zona son:

Visita a Los Riscos de Cartajima. Precioso torcal calizo situado junto al pueblo, con caprichosas y curiosas formaciones petreas. Para su visita se puede preguntar en el pueblo. No hay camino señalado. Existen empresas especializadas en turismo activo para conocer el paraje con total garantía.

Visita al parque natural Sierra de Las Nieves. Para acceder se parte de Cartajima hacia Parauta; obviado el ramal que parte a este pueblo se llega a la carretera A-376 (Ronda-San Pedro de Alcantara) se vira a la derecha, kilometro y medio despues, se accede a la izquierda al parque natural por el carril de “Quejigales”.
Son varias las opciones en este lugar.

1ª- visitar el pinsapar de Parauta o del Alcojona. Se adjunta ruta perfectamente documentada, titulada: CONEJERAS-CERRO ALCOJONA.

2ª- visitar el Castaño Santo de Istán. Se adjunta ruta titulada: CONEJERAS-CASTAÑO SANTO.

3ª- visitar el monumento natural Pinsapo de Las Escaleretas. Se adjunta ruta titulada: CONEJERAS-CUEVAS DEL MORO.

Otras opciones en el interior del parque natural son llegar hasta el Area Recreativa de Quejigales a 10 kms. desde la carretera., ( el carril hasta el Area Recreativa está señalizado ) y realizar la subida al Pico Torrecilla 1.919 m. máxima altura del parque y de La Serranía de Ronda, se visita el pinsapar de la Cañada del Cuerno, el Quejigal de la Meseta y sima Gesm, la tercera más profunda del mundo. Desde la cumbre vistas a media Andalucia y costas africanas. El recorrido es duro. Preferible usar mapa, aunque todo el trayecto va por senderos bien marcados. Las empresas señaladas realizan esta actividad. Se adjunta ruta titulada: QUEJIGALES-TORRECILLA.

Zonas de baño en el rio Genal.

Desde Cartajima dirección a Júzcar, un kilometro pasado este pueblo y a la izquierda parte el carril a la zona de la Virgen del Moclón. En las cercanías se encuentran las ruinas de la antigua Real Fabrica de Hojalata que mandara construir el rey Felipe V. Para mas datos se adjunta la ruta titulada: JÚZCAR-MONTE JARDÓN.

Desde el pueblo de Faraján parte el camino forestal a Jubrique que pasa junto a la Venta de la Vega, donde existe otro charco para el baño. Para más datos se adjunta la ruta titulada: FARAJAN-JUBRIQUE.

Otras cosas a ver en las cercanías de Cartajima.

Nacimiento del Rio Genal en Igualeja.
Monumento y jardines de Fray Leopoldo en Alpandeire.
Encina Vallecillo en Parauta. Para más datos se adjunta la ruta: PARAUTA-IGUALEJA.

Rutas desde Benalauría.

Desde Benalauría se han señalizado como P.R. varios recorridos balizados, son cortos y de fácil andar; recomendamos especialmente las rutas: de Benalauría a Benadalid y la de Benalauría a la Estación de Cortes.

Otras actividades interesantes por la zona son:

Visita al Cañón de Las Buitreras; horadado por el rio Guadiaro, es el más importante de Andalucía, se puede hacer su travesía acompañado por monitores especializados de la empresa “Molinos del Tajo.” Se accede al paraje por la carretera A-369 dirección a Gaucín, tomando el desvio a la derecha en el Ptº del Espino que se dirige a El Colmenar, desde su estacion de Renfe se remonta la via hasta llegar en kilometro y medio a la salida del cañón. Es una excelente zona de baños.

Visita a Los Reales de Sierra Bermeja, conserva este paraje natural el único pinsapar en roca peridotita del mundo, desde sus 1450 m. se observa toda La Serranía de Ronda, Costa del Sol, costas de Argelia y Marruecos, Gibraltar, etc. Se adjunta la ruta titulada: LOS REALES DE SIERRA BERMEJA.

Visita al paraje natural de Sierra Crestellina; con acceso desde la carretera de Gaucín a Manilva; en sus cortados anida una importante colonia de buitres leonados; en las cercanias de Manilva existen unos baños romanos de aguas sulfurosas llamados de La Hedionda, muy cerca tambien esta el Cañón de La Utrera, con formaciones torcalineas y vegetación mediterranea exuberante.

Zonas de baño en el rio Genal.

En el Puente junto a la Venta San Juan, en la carretera de Algatocín a Jubrique, charco del Puente bajo la carretera; charco Picao remontando el rio a 5 minutos del primero y charco Estrecho a otros 5 minutos de este último.

Charco de Las Cribanas en la pista forestal de Benarrabá a Genalguacil. Se adjunta ruta titulada: GENALGUACIL-BENARRABÁ.

Charco Azul, en el arroyo de Los Quejigos, afluente del rio Almarchar, afluente a su vez del Rio Genal. Se adjunta ruta titulada: JUBRIQUE-CHARCO AZUL.

Otras cosas a ver en las cercanías de Benalauría.

Castillo árabe de Benadalid.
Castillo de Gaucín.
Esculturas en calles de Genalguacil.
Museo Etnografico de Benalauría.

Empresas de Turismo Activo de Interes.

Los Molinos del Tajo. Telf. 619 01 22 72.
Pangea Turismo Activo: Telf. 630 56 27 05

Mas información en Internet.

www.pasoslargos.com
www.serraniaronda.org

Serranía de Ronda, caminos para perderse...

VALLE DEL GENAL, EL EDÉN DEL SUR











El Valle del Genal se ubica en el extremo más occidental de la provincia de Málaga, formando parte del gran mosaico de espacios naturales que es la Serranía de Ronda.
Es una de las comarcas con mayor personalidad y arraigo de Andalucía, y que ha sabido preservar, en gran medida, su atractivo paisajístico y cultural, conjugando perfectamente uso y conservación.
El Valle del Genal es una sorpresa paisajística a cada estación del año, quizás el momento más álgido y de mayor hermosura sea el otoño, cuando los castaños se tiñen de tonalidades ocres, contrastando con las gamas verdes de encinas, quejigos y alcornoques. El paisaje montano muestra tras las primeras lluvias toda la trama de grises típicas de las rocas calizas y los torcales ofrecen imágenes tridimensionales. Las sierras bermejas, no siendo menos, se transforman en oxidantes y brillosas rocas adueñadas por un ejército de pinares, comandados por el altivo y oscuro pinsapo que mora en sus cumbres.
El invierno deja desnuda las ramas de castaños y otros árboles frutales y en el campo se trabaja para la próxima cosecha. El frío se hace notar y las labores caseras toman protagonismo, como es el caso de la matanza, que en el Valle del Genal alcanza el rango de “Ritual”.
La primavera en el Genal es un estampido de vida, con paisajes cambiantes, de cielos inmensos, inundados de fragancias y olores. Se recolectan las cerezas y los castaños se visten de hojas y flores; las chorreras manan por las cañadas y barrancos buscando al padre Genal, en un cuadro natural de contrastada belleza.
En verano más que en ningún momento, el río toma protagonismo, atenuando a propios y extraños los rigores del calor en las numerosas charcas y pozas que surcan el río. La mayoría de pueblos del Valle celebran sus fiestas patronales o semanas culturales, es el momento para la fiesta, la diversión y el encuentro con los que tuvieron que emigrar a otras tierras en busca del sustento. Los montes del Genal son recorridos en estos días de tórrido calor por un ejército de arrieros y corcheros en una inexcusable cita con el chaparro, al que cada nueve años se le extraen las corchas. Con total sumisión desembarca otra vez el otoño y con ella la recogida de la castaña y los tradicionales tostones… el ciclo continúa.
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Tierra mítica, misteriosa, repleta de grandiosos paisajes donde los haya, El Valle del Genal no pasó inadvertido a los viajeros románticos, sobre todo ingleses y centroeuropeos, que recorrieron nuestras sierras y pueblos durante los siglos XVIII y XIX.
Agotadas en Europa las tierras vírgenes, estos ávidos aventureros, fuesen botánicos, escritores o pintores, encontraron en la Serranía un territorio aislado, anquilosado en el pasado, en algunos aspectos en el edad neolítica. Todos quedaban fascinados por manifestaciones artísticas, religiosas y culturales como el flamenco, las corridas de toros o la semana santa, pero sobre manera, por la activa presencia de contrabandistas y bandoleros que evidenciaban la triste realidad de la nuestra y de otras comarcas andaluzas próximas, sumidas en la más absoluta miseria, desamparada por las autoridades y a merced del despotismo de los señoritos de turno. Gracias a los viajeros románticos conocemos muchos aspectos de la vida en nuestros pueblos, quedando plasmado en sus escritos una importante parte de nuestra historia; auténtica, única y desgraciadamente desconocida a las nuevas generaciones.
Podemos decir que ellos, los viajeros románticos, fueron los precursores en nuestra comarca del turismo rural y del senderismo. En esos tiempos, a falta de carreteras, existía una importante red de comunicaciones que aprovechaban los antiguos viales romanos y medievales, también las cañada reales, coladas y caminos vecinales.
Muchos de los senderos se han perdido o han sido usurpados por fincas privadas. Siendo como son un importante patrimonio público, no estaría de más que desde las administraciones públicas se hiciese algo más por recuperar estos caminos, por poner en alza su importancia patrimonial, como testigos del devenir histórico del Valle del Genal.
Curiosamente, pocas son las guías actuales consultadas donde se hable del Valle del Genal, la cercanía de otros parajes mas promocionados o protegidos como pudieran ser los parques naturales de Sierra de las Nieves, Sierra de Grazalema o Los Alcornocales, restan atención al Genal y generalmente queda fuera de los circuitos turísticos especializados en turismo activo. Aquí, para ver los mejores paisajes y enclaves no hay que realizar enormes caminatas, ni subir altas cimas; todo queda a mano, cercano, visible desde la misma carretera o a tiro de piedra del pueblo; esta ventaja debe de ser un activo a vender.
Últimamente y en un esfuerzo por adecuar una mínima infraestructura en cuanto a senderos, se han limpiado y señalizado las principales veredas que enlazan a todos los pueblos del Valle. Organismos como el CEDER (Centro de Desarrollo Rural de la Serranía de Ronda) y algunos ayuntamientos, han puesto todo su empeño y esfuerzo en la recuperación de estos viales de comunicación; a veces, no recompensado, por la testarudez de ciertos elementos humanos que impiden el trasiego por estos caminos públicos, sirva de ejemplo el paso de las Gambillas, importantísimo nudo de comunicaciones donde afluyen varios senderos que comunican entre si los pueblos del Alto y Bajo Genal. En otros casos destrozan los hitos y señales del camino.
La organización del Valle en mancomunidades se nos antoja de vital importancia, es la única manera de solventar problemas que, los pueblos por si solos, no podrían. En este sentido se han dado los primeros pasos y ya, por ejemplo, el Consorcio del Alto Genal ha puesto en marcha una ruta turística denominada El Legado de Fray Leopoldo, la cual debe servir de ejemplo para instaurar otros recorridos.
Otro aspecto de interés consiste en intentar aunar los esfuerzos de todas las administraciones para que se venda el producto turístico de manera global, con un estándar común en cuanto a la señalización y oferta, que impida la controversia, masificación y disparidad de criterios informativos de la que siempre es víctima el senderista, turista o visitante. Ejemplo, hay carreteras que tienen tres numeraciones distintas, otras no tienen ninguna, incluso se señala la ubicación de un dolmen inexistente.
A diferencia de algunos de estos enclaves antes nombrados, el Valle del Genal además de ofrecer paisaje, flora y fauna, tiene un elemento importantísimo que son sus pueblos, integrados armoniosamente en el conjunto
Los caseríos se amoldan a los contornos de la sierra y mantienen la estructura urbana heredada de la época islámica. Parece ilógico o caprichoso que los pueblos del Genal se ubiquen alejados del río, fuente de vida, riqueza y motor de los ingenios. En casi todos los casos los pueblos se han desarrollado en zona de contacto litológico, lo que propicia la existencia de fuentes y por tanto, de huertas y caminos. También se está próximo a las zonas altas, ricas en pastos para la actividad ganadera; a la par que se tienen a mano los terrenos forestales, abundantes en castañares, pinares, encinares, alcornocales, etc.
Los pueblos del Valle del Genal atesoran una enorme riqueza etnográfica en forma de tradiciones, fiestas y celebraciones, algunas en franca regresión o en peligro de desaparecer, sobre todo a raíz del despoblamiento surgido en los años 60 del pasado siglo. Sin duda los moradores del Valle del Genal son responsables del magnífico aspecto medioambiental que nos han legado y también deben ser los celosos guardianes de sus más genuinas costumbres.
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La Serranía de Ronda puede presumir de contar entre sus enclaves protegidos con algunos de los parques naturales más emblemáticos de Andalucía, caso de la Sierra de Grazalema, Los Alcornocales y la Sierra de las Nieves. Curiosamente el Valle del Genal queda fuera de la red de espacios protegidos de la comunidad andaluza, a pesar de atesorar más ecosistemas naturales, diversidad geológica, endemismos botánicos y variedad faunística que sus vecinos parajes protegidos. Tanto el Valle del Genal como Sierra Bermeja están catalogados como “Complejos Serranos de Interés Ambiental”. Tan solo y dentro del territorio natural del Valle del Genal, Los Reales de Sierra Bermeja y Sierra Crestellina ostentan la honrosa figura de “Paraje Natural”.
Es mas que probable que la totalidad del valle se incluya como Lugar de Interés Comunitario (LIC) formando parte de la Red Natura 2000, instaurada por la Directiva 92/43/CEE, relativa a la conservación de los hábitats naturales y de la fauna y flora silvestre.
Está aprobado por el Parlamento de Andalucía y por unanimidad de todos los grupos políticos, una proposición no de ley, en el que se insta a la protección y declaración del Valle del Genal como parque natural. Sin duda, es la figura protectora idónea para asegurar la defensa y puesta en alza de su rico patrimonio natural, además podría ser la lanzadera de su ansiado y deseado despegue económico, asegurando un desarrollo armonioso y sostenible.
Igualmente desde la UNESCO se auspicia la creación de una gran Reserva de la Biosfera transcontinental que englobe a los espacios más notables y representativos del “Monte Mediterráneo” y que incluiría a los ya existentes de Sierra de las Nieves y Sierra de Grazalema, más el parque natural de los Alcornocales, Valle del Genal y los espacios protegidos de la región del Rif, en el Norte de Marruecos.
Muchos de los valores naturales del Valle del Genal vienen definidos por su importante situación geográfica, cercana al continente africano y a los influjos climáticos del mediterráneo y atlántico. Si a estos parámetros unimos la variedad en cuanto a tipos de suelos y un clima generoso en lluvias, el resultado es que el Valle del Genal alberga una importante comunidad floral, quizás la mas variada y mejor conservada de Andalucía; destacando desde la vegetación típica tropical, hasta abetales y matorrales de alta montaña.
El aislamiento histórico, una geografía abrupta con fuertes pendientes y la impronta humana, ha llevado al Valle del Genal a presentar como principal activo un paisaje casi inmaculado, un auténtico vergel. Tan solo las tierras altas del Valle presentan un aspecto desangelado en lo vegetal, fruto de las talas indiscriminadas de encinas para la obtención de carbón o para alimentar los altos hornos de la fábrica de hoja de lata de San Miguel, industria metalúrgica ubica en tierras de Júzcar, junto al río Genal y que estuvo pocos años en producción; pero que dejo su huella devastadora en las montañas para siempre. La ocupación ganadera posterior ha puesto coto, de momento, a la recuperación vegetal de estos entornos.
En el Valle del Genal crecen y dan frutos una inmensa variedad de árboles autóctonos y alóctonos, estos últimos en absoluto han roto la dinámica paisajística, todo lo contrario, han contribuido a enriquecer aun más el esplendido panorama verde del valle. Uno de estos elementos es el castaño, árbol emblemático del Valle del Genal y sobre el que gira gran parte de la economía de la comarca. Aparte de la venta al por mayor de la castaña, en los últimos años se han creado algunas cooperativas que elaboran manufacturas destinadas al mercado agroalimentario. Además del castaño, son importantes las masas de querquinaceas, destacando el alcornoque, o chaparro, que es como se conoce a este árbol en La Serranía. La saca de las corchas supone otro recurso económico de importancia en el valle, convirtiéndose en una de las actividades forestales más singulares y ritualizadas de La Serranía.
También abunda la encina y en los enclaves más húmedos crece el quejigo. La montanera y cría del cerdo ibérico se vislumbra como otro de los iconos donde se sustenta la economía del Valle del Genal.
El otro elemento arbóreo destacable, sin duda alguna es el pinsapo, un abeto endémico de La Serranía y que en las alturas de Los Reales de Sierra Bermeja encuentra uno de sus últimos reductos.
La riqueza micológica del valle y la demanda creciente de las distintas variedades de hongos que se desarrollan en los montes del Genal, abre otra puerta a la explotación racional de este importante recurso natural. Tampoco podemos olvidar la cantidad de especies florales aromáticas y medicinales que crecen en el valle, su recolección está suponiendo la creación de algunas pequeñas industrias relacionadas con la elaboración de perfumes, aromaterapia y homeopatía. En cuanto a la apicultura, vuelve a renacer tras años de cierto estancamiento, convirtiéndose en otro importante recurso económico, destacando la calidad y cantidad de tipos de miel y sucedáneos.
La extraña naturaleza geológica de Sierra Bermeja, constituida por rocas de origen magmático, da pie a la existencia de una importante y relicta comunidad vegetal compuesta por numerosos endemismos
Se puede afirmar sin temor a equivocarnos que el Genal es uno de los últimos ríos intactos de la península ibérica; ninguna presa, trasvase, ni construcción humana semejante ha variado el curso de sus aguas o transformado negativamente el ecosistema fluvial; sus riberas rebozan de vida, con importantes y bien conservadas comunidades vegetales riparias.
Los pueblos del valle contribuyen con su peculiar arquitectura de casas blancas, asimétricas y separadas por estrechas callejuelas que se amoldan a las vicisitudes del terreno, ha engrandecer el rico patrimonio etnográfico; a ello sumamos ancestrales fiestas y ritos que se pierden en la memoria de los tiempos y una rica cultura gastronómica, donde prevalece la sencillez de sus platos a base de productos naturales de la zona, con las chacinas de cerdo ocupando el escalafón superior. Más que en otras manifestaciones se advierte el legado andalusí, que ha dado sello de identidad a esta comarca de La Serranía. Aun se conservan los sistemas de riego, los huertos, las acequias y un sinfín de usos y costumbres que no debemos permitir sucumban ante la vorágine del progreso desmedido.
En estos últimos años se ha creado una importante red de alojamientos rurales, reconstruyéndose muchas casas y cortijos abandonados para este menester del turismo y que por otra parte y así hay que decirlo, está contribuyendo a la recuperación de las antiguas artesanías de la madera, forja, esparto, etc. usadas en la decoración de las casas rurales o como elementos de venta de recuerdos.
A pesar del importante grado de conservación que presenta el Valle del Genal, muchas son las agresiones que amenazan con “destruir” este enclave, no podemos olvidar que hasta hace pocas fechas se planteaba por parte de la Confederación Hidrográfica del Sur, la construcción de dos presas en los cursos medio y bajo del río que hubieran inundado un importante porcentaje del territorio físico donde se ubican importantes elementos patrimoniales como molinos, acequias, huertas, cortijos, restos arqueológicos, etc. y quien sabe cuales habrían sido las más que seguras consecuencias negativas en la dinámica ecológica del valle. Ahora se pretende hacer un trasvase a la presa de río Verde, que abastece a la Costa del Sol. Tampoco debemos olvidar la intención de implantar algunos parques eólicos en enclaves de gran valor ecológico. Ya, por desgracia, un enorme tendido eléctrico conocido como “Cable de la Muerte” atraviesa de Sur a Norte todo el valle, con una incidencia sobre la fauna, flora y el ecosistema aun por valorar. La ultima “fantasmada” que se expande por todo el Valle del Genal, es la plaga de la especulación urbanística. Agotados los terrenos en la cercana costa, las fauces del urbanismo han fijado sus ojos en un territorio virgen, desconocido y de indudable atractivo paisajístico.
A finales de los años ochenta del pasado siglo, surge un importante movimiento conservacionista, formado básicamente por colectivos vecinales, ecologistas y universitarios, que luchan denodadamente por salvaguardar los valores naturales y etnográficos de este sorprendente y evocador territorio del Sur. Sin duda alguna, en pocos lugares de Andalucía existe, un tal alto nivel de conciencia ecológica como en el Valle del Genal.